José Antonio Ramos Sucre (1890-1930)

Insomne poeta en prosa que, debido a la falta de sueño, tuvo la curiosa inclinación de dar largos paseos bajo el cielo nocturno de la ciudad. Sus poemas son lienzos espléndidos de palabras concisas e insustituibles que dejan en el lector la convicción persistente de que el castellano es una lengua de perfección inquebrantable. Nació en el seno de una familia en la cual varios de sus miembros se inclinaron por el estudio y cultivo de las humanidades. Hombre hipersensible, de ojos azules, baja estatura y, como apunte interesante, sobrino nieto de Antonio José de Sucre, prócer de la independencia sudamericana y Gran Mariscal de Ayacucho. Fue, desde niño, sobresaliente y precoz, con una tendencia inamovible por el estudio y el aprendizaje. Políglota, traductor, ensayista, doctor en ciencias políticas y cónsul de Venezuela en Ginebra, con un gusto exagerado por el aislamiento y la soledad. Para él, el oficio de escribir solo se podía cristalizar con constancia y rigor, huyendo del exceso para encontrar así la simplicidad, la belleza y la singularidad. De sus obras cabe destacar «La Torre de Timón» (1925), «Las formas del fuego» (1929) y «El cielo de esmalte» (1929).

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